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miércoles, 25 de enero de 2017

TEXTOS LÍRICOS E HISTORIOGRÁFICOS (LATÍN II)

Aquí tenéis una selección de textos pertenecientes a los dos nuevos géneros literarios que estudiaremos: La lírica y la Historiografía. Las actividades que debéis realizar sobre los textos se encuentran al final de la entrada.
Valete!





                                                      TEXTOS

TEXTO I
Viuamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum seueriorum
omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt;
nobis cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
dein mille altera, dein secunda centum,
deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
conturbabimus illa, ne sciamus,
aut ne quis malus inuidere possit,
cum tantum sciat esse basiorum.

                                                            
Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego cien más,
después otros mil, después otra vez cien.
Luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando sepa que fueron tantos nuestros besos.
  

TEXTO II
 Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris?
Nescio, sed fieri sentioet excrucior.


Amo y odio. ¿Por qué hago eso, quizás te preguntes?
No lo sé, pero así siento que ocurre y me atormento.
 TEXTO III
Miser Catulle, desinas ineptire,
et quod vides perisse perditum ducas.(…)
scelesta, vae te! quae tibi manet vita?
quis nunc te adibit? cui videberis bella?
quem nunc amabis? cuius esse diceris?
quem basiabis? cui labella mordebis?
at tu, Catulle, destinatus obdura.
Miserable Catulo, deja de hacer locuras,
y lo que ves que ha muerto, considéralo perdido.(…)
¡Ay de ti, malvada! ¡Qué vida te espera!
¿Ahora quién vendrá a ti? ¿A quién le parecerás bella?
¿A quién amarás ahora? ¿De quién se dirá que eres?
¿A quién besarás? ¿A quién morderás los labios?
¡Pero tú, Catulo, condenado resiste!


                             TEXTO IV
Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi /
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios/
temptaris números. Vt melius, quidquid erit, pati!/
seu pluris hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam,/
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare/
Tyrrhenum: sapias, uina liques et spatio breui/
spem longam reseces. Dum, fugerit inuida/
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero./ loquimur
No preguntes (es sacrílego saberlo) qué fin a mí, cuál a ti,
los dioses han dado, Leuconoe, ni sondees los babilónicos
números. ¡Cuánto mejor es soportar lo que haya de ser!
Así Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, así este sea el último
que ahora desgasta contra los escollos sobresalientes las olas
del Tirreno: sé sabia, filtra el vino y en un espacio breve
recorta una esperanza larga. Mientras hablamos, huye con la palabra
el tiempo: cosecha el día, nada fíes del venidero.
TEXTO V
Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda,
y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra,
ni se asusta ante las iras del mar,
manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios
de los ciudadanos poderosos».

TEXTO VI
Yo, pues, en mis principios, siendo mozuelo, me trasladé, como otros muchos, del estudio a los negocios públicos, donde hallé mil cosas que me repugnaban, porque, en lugar de la modestia, de la frugalidad y desinterés, reinaban allí la desvergüenza, la profusión y la avaricia. Y aunque mi ánimo no acostumbrado a malas mañas rehusaba todo esto, mi tierna edad, cercada de tantos vicios, se dejó corromper y apoderar de la ambición, de suerte que, repugnándome las malas costumbres de los otros, no me atormentaba menos que a ellos la envidia y la ansia de adquirir honor y fama. Ya, pues, que descansé de muchos trabajos y peligros que había pasado, y que me resolví a vivir el resto de mi vida lejos de la república, no fue ánimo desaprovechar este buen tiempo, entregado a la ociosidad y a la desidia, ni ocuparme tampoco en el cultivo del campo o en la caza, dedicado a oficios serviles, sino antes bien, vuelto a mi primer estudio de que la ambición me había distraído, determiné escribir la historia del pueblo romano, no seguidamente, sino eligiendo esta o aquella parte, según me pareciese más digna de contarse, tanto más que yo nada esperaba ni temía y que me hallaba del todo libre de partido. Así que, brevemente y con la puntualidad posible, contaré la conjuración de Catilina, cuyo hecho me parece uno de los más memorables por lo extraordinario de la maldad y del peligro a que expuso a la república. Pero antes de hablar en ello conviene decir algo de las costumbres de este hombre. Lucio Catilina fue de linaje ilustre y dotado de grandes fuerzas y talento, pero de inclinación mala y depravada. Desde mancebo fue amigo de pendencias, muertes, robos y discordias civiles, y en esto pasé su juventud. Sufría cuanto no es creíble el hambre, la falta de sueño, el frío y demás incomodidades del cuerpo; en cuanto al ánimo era osado, engañoso, vario, capaz de fingir y de disimular cualquiera cosa, codicioso de lo ajeno, pródigo de lo suyo, vehemente en sus pasiones, harto afluente en el decir, pero poco cuerdo. Su corazón vasto le llevaba siempre a cosas extraordinarias, desmedidas, increíbles. Desde la tiranía de Lucio Sila se había altamente encaprichado en apoderarse de la república, sin detenerse ni reparar en nada, con tal que consiguiese su intento. Inquietaban cada día más y más su ánimo feroz la pobreza y el remordimiento de su conciencia, males ambos que había él aumentado con las perversas artes que se dijeron antes.
TEXTO VII
. [1] Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam Aquitani, tertiam qui ipsorum lingua Celtae, nostra Galli appellantur. Hi omnes lingua, institutis, legibus inter se differunt. Gallos ab Aquitanis Garumna flumen, a Belgis Matrona et Sequana dividit. Horum omnium fortissimi sunt Belgae, …
(La Galia en su conjunto está dividida en tres partes, una  de las cuales  la habitan los Belgas, otra, los Aquitanos, la tercera (la habitan) quienes en su propia lengua son llamados Celtas, en la nuestra, Galos. Todos estos se diferencian por su lengua, instituciones, leyes. A los Galos los separa de los Aquitanos el río Garona, de los Belgas, el Marne y el Sena. De todos estos los más esforzados son los belgas)
TEXTO VII
[21.1] Me considero en libertad de iniciar lo que es sólo una parte de mi historia con una observación preliminar, tal y como la mayoría de los escritores colocan al principio de sus obras, a saber, que la guerra que voy a describir es la más memorable de cualquiera de las que hayan sido libradas; me refiero a la guerra que los cartagineses, bajo la dirección de Aníbal, libraron contra Roma. Ningún estado y ninguna nación, tan ricas en recursos o en fuerza, se han enfrentado jamás con las armas; ninguna de ellas había alcanzado nunca tal estado de eficacia o estaba mejor preparada para soportar la tensión de una guerra larga; nada había en sus tácticas que les resultase extraño después de la Primera Guerra Púnica; y tan variables fueron las fortunas y tan dudoso Marte que aquellos que finalmente vencieron estuvieron al principio más que próximos a la ruina. Y aún con todo, grande como era su fuerza, el odio que sientan el uno por el otro fue todavía mayor. Los romanos estaban furiosamente indignados porque los vencidos se habían atrevido a tomar la ofensiva en contra de sus conquistadores; los cartagineses estaban amargados y resentidos por lo que consideraban un comportamiento tiránico y rapaz por parte de Roma. Se contaba que, después de dar término Amílcar a su guerra en África, estando ofreciendo sacrificios antes de trasladar su ejército a Hispania, el pequeño Aníbal, de nueve años de edad, trataba de ablandar a su padre para que lo llevase con él; este lo llevó ante el altar y se hizo jurar con su mano sobre la víctima que tan pronto como le fuera posible se declararía enemigo de Roma .La pérdida de Sicilia y Cerdeña angustiaban el orgulloso espíritu de aquel hombre, porque creía que la cesión de Sicilia se había hecho a toda prisa, teniendo la desesperación en el ánimo, y que Cerdeña había sido hurtada por los romanos aprovechando los disturbios en África y, no contentos con su captura, le habían impuesto también una indemnización.
TEXTO VIII
[1] Comenzaré mi trabajo con el consulado de Servio Galba –que era cónsul por segunda vez– y Tito Vinio, porque muchos autores ya han escrito sobre los tiempos pasados hasta el 820 después de la fundación de Roma, cuando podía escribirse con igual elocuencia que libertad sobre los hechos del Pueblo Romano. Pero después de la batalla de Accio, y con la paz subsiguiente, se concentró el poder en una sola persona y desaparecieron aquellos preclaros ingenios, al tiempo que la verdad era pisoteada de mil formas: primero por desconocimiento de la realidad de la República, como si fuera asunto ajeno a los ciudadanos, después por el vicio de la adulación así como por el odio hacia los gobernantes. De modo que, sintiéndose obligados los unos y ofendidos los otros, nadie se preocupaba por el futuro. Pero es fácil tachar de ambicioso a un escritor: la crítica y la murmuración siempre encuentran dispuestos los oídos de todos, ya que la adulación conlleva un rebajarse a un servilismo rastrero y la difamación una falsa apariencia de libertad. Por lo que toca a mi relación con Galba, Otón y Vitelio, no he recibido de ellos beneficio o perjuicio alguno. Y no negaré que mi privilegiada situación comenzó con Vespasiano, la aumentó Tito y llegó al máximo con Domiciano. Pero quien hace profesión de imparcialidad no debe escribir movido ni por la afición ni por la inquina. Y, si la vida me lo permite, he dejado para mi vejez, como materia más fértil y segura, tratar del principado del divino Nerva y del imperio de Trajano, rara época de libertad en que se podía pensar lo que querías y decir lo que sentías. [2] Empiezo mi tarea tratando una época repleta de acontecimientos. Atroz por las guerras, desgarrada por las sediciones, violenta en los mismos tiempos de paz.

 ACTIVIDADES
1.      ¿Qué primera gran diferencia encuentras entre los cinco primeros textos y los restantes?
2.      Explica las características generales del género lírico e historiográfico extrayendo ejemplos de los textos que las justifiquen.
3.      Da el autor, título de la obra y un breve marco de la situación biográfica e histórica de cada uno de ellos. (Podrá ocurrir que varios textos compartan la misma obra y autor)
4.      ¿Qué género te resulta más atractivo? Esfuérzate por argumentar con coherencia tu respuesta.


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